Embajador | Edificio Embajada
 

La Embajada de Chile en Argentina se emplaza en la calle Tagle, entre la Avenida del Libertador y Figueroa Alcorta en el barrio de Palermo chico, Capital Federal. Es un sector urbano de gran calidad paisajística y elevado prestigio, diseñado por el arquitecto y urbanista Carlos Thays. En la década de 1920, se pobló de chalets y petit hôtels de gusto europeo e imagen aristocrática. Con el auge del pensamiento arquitectónico racionalista, fueron apareciendo en el sector –especialmente las avenidas que lo atraviesan– casas de departamentos de alto costo y excelente diseño.
El terreno de la Embajada de Chile tiene un desarrollo lineal, a lo largo de la calle Tagle, y mide 85 metros de largo y 44 de ancho.
El edificio, que posee 4800 metros cuadrados cubiertos y que reúne en una sola construcción la cancillería y oficinas de la Embajada, sus salones de recepción y la residencia del embajador, fue construido entre 1966 y 1969 y su diseño fue obra de los arquitectos chilenos Juan Echenique Guzmán y José Cruz Covarrubias, asociados con Pablo Burchard, ganadores del concurso de anteproyectos argentino chileno. Al concurso se presentaron treinta y siete trabajos argentinos y diecinueve chilenos.
“Tres programas en uno se conjugaron en el desarrollo del proyecto” -afirmaba en 1969 la revista Construcciones, editada por la cámara Argentina de la Construcción, cancillería y oficinas, recepción oficial y residencia privada, materializados en secciones de estricta autonomía, no obstante su necesaria interrelación. Las diversas secciones del edificio tienen en común los equipos, habitaciones del personal y servicios.

La plaza República de Chile.
Tanto la residencia como la recepción miran hacia la plaza, con la cual se funden virtualmente las áreas verdes con la Embajada.
La plaza República de Chile forma parte del sistema de áreas verdes que conforman la zona de Palermo que se integra en el parque 3 de febrero, creación de Sarmiento, quien propuso la construcción de un gran parque público- según los ejemplos del Bois de Boulogne y de Hyde Park. La plaza República de Chile, con su frondoso y añejo arbolado es un rincón típico de Palermo, hábil combinación de canteros llanos y abiertos y sectores intimistas, con senderos que evocan un paisaje romántico. Tiene como punto central el monumento a Bernardo O´Higgins, El monumento, terminado en 1918, es obra del escultor chileno Guillermo Córdoba y es una de las esculturas conmemorativas dispuestas en 1910, al celebrarse el Centenario de la Revolución de Mayo.

El monumento a O´Higgins no es el único testimonio chileno en la plaza. Un poco más atrás, dos grandes placas recuerdan al general Juan Mackenna, soldado de la independencia nacido en Dublín, fallecido en Buenos Aires y prócer en Chile. No lejos, se eleva el busto de Juan Victorino Lastarria, “grande amigo de Sarmiento y Mitre “, según reza la inscripción en su pedestal. El busto, que data de 1941, esta firmado “L. Torralba, B.Aires”. Continuando por un mismo sendero se llega a una pequeña rotonda, llamada “ El rincón de los poetas” en donde se hallan los bustos de Gabriela Mistral, obra de Luis Perlotti donada en 1962 por el instituto Argentino –Chileno de Cultura, y de Pablo Neruda, fundido en Chile y obra del escultor chileno Eduardo de las Heras. También se encuentra el atípico monumento conmemorativo a Vicente Huidobro, firmado por Maino, una lámina de bronce con bajorelieves y apoyo sobre los cuatro puntos cardinales. El rincón de los Poetas fue inaugurado en 1996 con motivo de la visita del presidente Eduardo Frei Ruiz.
Una placa conmemorativa de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, en memoria del ex Presidente Salvador Allende; otra que recuerda al ex Comandante en Jefe del Ejército chileno, General Carlos Prats y su esposa Sofía, asesinados en Buenos Aires y una tercera en memoria de los chilenos detenidos desaparecidos en la Argentina, completan el entorno de la Plaza Chile.

Organización del edificio de la Embajada de Chile
Los proyectistas han escondido visualmente los diferentes accesos, dándoles independencia y jerarquía propias, a través del sutil recurso de ondular la fachada.
El más notable de los accesos es, indudablemente el de la recepción: un espacio circular desde el que se despega una escalera helicoidal, de diseño muy etereo, proximo a la cual se halla la torre principal, que conduce a los salones de la planta superior. Con sus muros revestidos en mármol beige y su escalera curva también de mármol, el recinto se complementa con un motivo de inspiración autóctona chilena: dos puertas realizadas en cobre por un artista del país hermano.
El diseño general de la Embajada de Chile en Argentina, logró fundir los parques con la estructura misma de la construcción.
“La incorporación del paisaje natural externo –explicaba el arquitecto Echenique – fue determinante en la arquitectura de la Embajada”. “Tal es así que el jardín interior, donde se encuentra el palo borracho, es el eje de rotación para generar las formas generales del edificio”. “El diseño de jardines fue un complemento natural de las condiciones existentes, y al incorporar parte del pequeño cerro interior con los árboles existentes, solo fue necesario rodearlo de arbustos y flores complementarios”.
Ese “cerro” preexistente, formaba parte de la “montañita”, tal como se la solía llamar en Buenos Aires a una elevación artificial de tierra (fruto de excavaciones cercanas) que estaba parquizada y tenía un sendero que llevaba al tope y que constituía, desde mucho antes, un accidente topográfico atípico entre los jardines de Palermo. Cuando se cedió el terreno al gobierno de Chile, para la construcción de la Embajada, la montañita quedo englobada.

La memoria de los proyectistas.
En uno de sus escritos, el arquitecto Echenique recordaba que, para la Embajada de Chile,
“no existió presupuesto básico original, sino solo limitación de superficie, y desde que nuestro grupo obtuvo el encargo por ser ganador del concurso, fue necesario antes de iniciar el proyecto definitivo, disponer de una etapa de investigación del medio técnico local y realizar el ajuste del programa, basado en la realidad vigente de la misión diplomática en ese tiempo. Esta etapa duró aproximadamente un mes y medio.”
El proceso de desarrollo de los planos definitivos y antecedentes de construcción, fue de aproximadamente doce meses, tiempo en el que fueron necesarias varias visitas a Buenos Aires, con el fin de seleccionar los equipos técnicos incorporados en los proyectos de especialidades como estructura, instalaciones sanitarias, energía eléctrica, climatización etc.
Además familiarizarse con los procedimientos argentinos en la redacción de las bases técnicas y administrativas para solicitar las propuestas de construcción a las empresas constructoras locales, las que fueron previamente seleccionadas a través de un registro especial.
“En cuanto a los materiales elegidos”, escribía Echenique, “fueron los que a nuestro juicio son los más permanentes por su calidad y nobleza: revestimientos de piedras locales, hormigón a la vista, cristales etc. Los mármoles en los interiores se usaron especialmente en los pavimentos por considerarse de alta calidad y fácil manutención en los ambientes de mayor uso.”
Juan Echenique relató en su oportunidad que la nueva sede diplomática se alhajó con muebles tradicionales de calidad y obras pictóricas de valor como las de Valenzuela Llanos.” Nuestro criterio fue lograr en la decoración interior un conjunto armónico, cualesquiera fueran las épocas de los objetos, siempre que su diseño fuera auténtico y su manufactura de calidad”.
Según señala Gustavo Brandariz, en su libro Chile- Argentina, la cordillera que nos une "la sede de la Embajada de Chile en Argentina
es un oasis de paz y de belleza, no sólo por las expansiones de sus vistas sobre los parques, separados del interior del edificio por cristales, sino que toda la construcción es un paisaje de armonía y delicadeza. Alrededor de la Embajada de Chile en Buenos Aires hay un anillo de cielo, de verde y de amistad y ello demuestra que los arquitectos inspirados son también hacedores de belleza y paz”.